martes, 13 de diciembre de 2011

Stereotipos Tercera Temporada

En algún desierto desconocido, todavía opera la teletransportadora Einstein, con su cede en el Centro Argentino de Teatro Ciego, lugar donde trabajan los futuristas improvisadores. Han ocurrido muchos cambios este año; por ejemplo, Jesús Igriega se fue a trabajar a La Isla Desierta, siendo reemplazado por Nicolás Delucas. Gabriel Reich se peló para parecer más enojado. Luís Small se dejó crecer la barba, pues la oscuridad no le bastó para ocultar su rostro. Pablo Coca se afeitó para no aparentar que está por cumplir cuatro sotas. Ernesto Zuazo sigue mujeriego como siempre, y Gabriel Edgardo Martínez continúa aportando más descabelladas locuras al grupo. También se han agregado nueva secciones como Epístolas: cartas que se envían de un objeto a otro, y Campañas Electorales. Permaneciendo Acá lo Tenés. Entrevista a un objeto que se puede encontrar en algún lugar específico, o rubros; publicidades inventadas, Catarsis, Stereotipos Ayuda, Trailers de Películas improvisadas, Programas de Televisión y Multiplechois, o El Control Remoto de tu Vida. La teletransportadora los hizo viajar a muchos lugares nuevos, y revisitar otros (haga un clip en el hipervínculo para enterarse); pero no sólo utilizaron ese medio para trasladarse, sino que también lo hicieron en avión para llevar el espectáculo nada menos que a Venezuela, Caracas. Allí actuaron desde el Nuevo Ateneo y desde el Teatrex, trasladando la cede de la teletransportadora a esos dos lugares. Su gente los recibió muy bien, con mucho cariño y afecto, cuidándolos en todo momento. Quedaron atrapados en largas e interminables colas de autos, pues allí todo el mundo tiene carro, ya que llenar el tanque sólo cuesta 3 bolívares, 1,50 pesos argentinos. Por esta razón tuvieron que ir a las corridas desde un lugar a otro; pero a pesar de todo lograron hacer las dos funciones programadas y asistir al festival de improvisación, el cual ganó un italiano. El premio fue una botella de vino importado, la cual se olvidaron en una fiesta, y Luís Small, ni lerdo ni perezoso, se la apoderó. El congestionado tránsito, la inseguridad de dicho país y las corridas, no fueron obstáculos para que disfrutaran de sus exquisitas comidas, de sus atractivos turísticos, ni de sus tropicales playas. Volverán a Venezuela, pero por ahora están ocupados preparando la cuarta temporada, llena de novedades y grandes sorpresas, como una conflictiva sección llamada Gente Reprochando Gente, y otros cambios. Manténgase en contacto por Facebook para más información, y no se olvide que, antes de la segunda teletransportación, debe ingerir el caramelo que se encuentra en la pata derecha de su butaca. Y si no lo encuentra, debe realizar el siguiente procedimiento: Cerrar los ojos, abrir la boca, sacar la lengua, cerrar los labios y soplar: esto durante todo el proceso. Por lo contrario podría sufrir serías deformaciones; como por ejemplo, a los barones se les estira el lóbulo de las orejas hasta las tetillas, y a las mujeres les crecen dedos en los pezones. Después, cuando llegue a su casa, no se olvide de cotejar sus genitales, ya que a veces pudiera ocurrir un intercambio con la persona que tienen al lado.

martes, 17 de agosto de 2010

Stereotipos a Ciegas -Comic





En cada una de sus funciones (todos los miércoles a las 21:30; y los viernes a las 23:45) los Stereotipos transmiten de un lugar totalmente diferente. ¿Cómo es posible esto?

Pues bien. Todo da comienzo en algún lugar desconocido de nuestro país, en un inescrutable desierto, donde se encuentra la teletransportadora Einstein.
En su interior, en la sección de atrás, los encontramos operando su compleja maquinaria de la más avanzada tecnología: Pablo Coca jala las primeras palancas, Ernesto Zuazo activa un switch, Gabriel Reich controla todo desde su consola, Luis Small coloca la pila de carbón que le da energía a la mitad del complejo, mientras que Jesús Igriega alimenta la caldera para darle fuerza a la otra mitad. Y Gabriel Edgardo Martínez coloca el macrochip. Con ayuda de más operarios, programan las coordenadas de donde van a viajar, de donde transmitirán su próxima función.
Una v
ez listo los instrumentos, los seis improvisadores se trasladan a la sección frontal, a la cabina de transportación, donde una voz les indica: “Instrucciones de viaje: Crucen los brazos sobre su pecho, coloquen la pierna derecha sobre la izquierda. Apure Zuazo. Mantengan la cabeza erguida y los sentidos bien alerta. ¡Erguido, Jesús! Si escuchan algún ruido extraño, ignórenlo. Verifiquen a llegar a destino que la cabeza que tienen sobre el cuello sea la suya. Disfruten del viaje… 10… 9… 8… 7… 6… 5…

Ernesto toma su lugar. La redonda compuerta se cella pesadamente. 4… 3… 2… 1… una blanca luz los envuelve y los jala hacia arriba; al mismo tiempo que un embarullador sonido taladra sus oídos, lanzándolos al macrocosmos.
Ahí viajan a través del espacio, llevándolos al distante planeta X en la constelación de Orión, un mundo que es alumbrado por tres cuásares, o estrellas muy jóvenes.
O por el tiempo, como lo fue en Bagdad, a la era de las Mil y Una Noches.
De lo microscópicamente minúsculo, como cuando se microtransportaron en la cabeza de un jugador de la selección.
O de la fantasía, como cuando visitaron el mundo de los dibujos animados rechazados, aquellos cartones que nunca llegaron a ser populares, o terminados de dibujar por su creador.
Al ciberespacio para ayudar a Pac-Man de una malvada versión que quería desacreditarlo.
O al universo de la literatura, el cine y la televisión, como cuando conocieron a Heidi.
Si no es que la teletransportadora funciona mal y los deja varados como náufragos en medio del océano Pacífico.
También se divierten, como cuando asistieron al quinto centenario del conde Drácula.
Y hacen changas cuidándole la Baticueva a Batman cuando este tiene que ausentarse largos periodos por una importante misión.
Estos roces con dichos personajes es porque ambos compraron acciones en el Centro Argentino de Teatro Ciego, donde la teletransportadora Einstein tiene una cede. Pero no teman, porque Drácula come antes de cada función, y Batman está siempre colgado. No obstante, están prestos a darles una mano a aquellos que temen a la oscuridad.

Estos temerarios improvisadores han viajado por muchos más lugares, sitios inimaginables, como sucedió durante su Segunda Temporada en 3D. Ahora los esperamos para más transportaciones en su tercera temporada a, esta vez en HD.

La transportación de ida es sencilla; pero la de vuelta no. Ya que la transportadora tiene que enviar un rayo hacia el lugar de transmisión para regresarlos. Es por eso que los Stereotipos elaboran unos caramelos muy especiales, que contienen isótopos radiactivos, junto con otros componentes químicos para que la radiación no haga daño al organismo; saborizantes y algo relacionado con el ambiente, como moco de grulo, transpiración de jugador de fútbol, o baba de Heidi. Esto es para que la Einstein los pueda traer sin complicaciones.

Es por eso que es imprescindible consumir los caramelos cuando los Stereotipos se los indiquen. Por lo contrario, podrían sufrir graves mutaciones o malformaciones; como le ocurrió a una parejita tan enamorada, que, por no consumir el caramelo, terminaron como un monstruo de dos cabezas. O ese padre que llevaba a su hijo en la falda, que acabó como ese recordado mutante de la película 
El Vengador del Futuro. O Ese canchero que, por guardarse el caramelo, terminó desfasado como un fantasma, rondando aún en la sala del teatro como el famoso espectador que se perdió la semana pasada y todavía no se lo pudo encontrar; al cual se le deja comida que, misteriosamente, desaparece.

Antes y después de cada obra, a los Stereotipos se los puede encontrar a la vuelta del teatro, en la calle Anchorena, en un peculiar bar de color verde llamado no Doy Abasto. Allí ensayan y le piden su opinión a los espectadores; siempre dispuestos a nuevas ideas y cambios.


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